Squirt manos libres ~SEXPERIENCIAS~

En esta sexperiencia, Naya se masturba sin manos con un succionador de clítoris pequeño y movimientos de cadera.

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Anotaciones principales

  • Las sexperiencias son conductas imitables.
  • Imitar una sexperiencia no garantiza el placer, porque cada persona es diferente.
  • Recuerda que lo principal es divertirse.
  • Comunicarte con tu propio ser y tu(s) pareja(s) es esencial para el placer.
  • Ten siempre a mano lubricante y protégete.

¿Qué puedes encontrar en esta sexperiencia?

Lista de subcategorías (con UX builder) en formato nube.

Succionador de clítoris a manos libres

Naya está frente al PC, aburrida. Reclina el respaldo de la silla hacia atrás ligeramente y suelta la cuerda del pantalón del pijama. Mete la mano dentro de la ropa interior y enreda con las yemas de los dedos su vello púbico. Una sensación placentera que pronto la lleva a deslizar el índice entre sus labios mayores para acariciar su clítoris.

Lleva la mano libre a una cajonera cercana y saca de dentro una bolsa que consiente su succionador de clítoris favorito, siempre limpio y cargado. Se abre de piernas, baja la cinturilla del pantalón y, como no lo apetece levantarse de la silla, destensa aún más la cuerda y pasa la mano con el succionador.

Posiciona el cabezal en su clítoris. Lo ha hecho tantas veces que podría hacerlo con los ojos cerrados. Así que tantea los botones para encenderlo y sube un par de niveles directamente antes de sacar ambas manos de los pantalones. Las bragas y sus ingles crean el soporte perfecto para que el juguete no se caiga.

La recorre un escalofrío. Sin embargo, debe recolocar el succionador para que las ondas vayan en la dirección correcta y sentir su potencia de forma más profunda. Al hacerlo correctamente, le entran unas repentinas ganas de orinar. Su vagina se tensa, expulsa un cúmulo de flujo ante la sensación y empapa su ropa interior y pantalones.

Sube un nivel más mientras relaja las piernas y se deja inundar por las vibraciones. Sin embargo, el placer es muy fuerte y no puede evitar tensar los músculos de las piernas un poco más. Aun así, se esfuerza por mantener relajados los músculos del suelo pélvico y que el runrun del succionador haga su trabajo.

Cierra los ojos y se recuerda que debe respirar. Que la sangre le recorra el cuerpo y las sensaciones sean perceptibles. Comienza a sentir un chisporroteo que le sube por las plantas de los pies, las pantorrillas y las rodillas. Siente que las ondas succionan algo dentro de sí, una sensación de subida que le encanta pero muy efímera. El placer le sube por los muslos y las ingles, cada vez más rápido, y siente el primer pinchazo, el primer clack en el ascenso de su montaña rusa personal.

De ahí al lanzamiento no pasa ni un segundo. Una sensación que la lanza hacia arriba con las piernas temblando e intentando que el pico de su orgasmo sea un poco alto esta vez. Siente que toca las nubes y las saborea en la boca. Un poco más, un poco más…

Entonces no pude evitar el aleteo de sus labios menores y las contracciones siguientes entre jadeos. Por poco… ¿o no?

Separa un poco más las piernas y sube dos niveles a la vez. Aguanta los espasmos y las ganas de orinar aumentan. Los latidos de su corazón, acelerados, se le suben a la garganta y los siente por toca la cabeza. Quiere un segundo orgasmo, aunque después tendrá que ducharse.

Aunque antes de terminar de pensar en las consecuencias ya se le escapa un profundo y gutural gemido. Adiós al control de su vejiga. La eyaculación sale disparada junto con un squirt sin presión que chorrea entre sus piernas. Los temblores la hacen soltar el succionador dentro de sus bragas y disfruta de cada milésima de segundo de ese orgasmo.

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